No importa cual bar
cuando se juega
la vida entera,
busca enajenado el 21
en una partida al Blackjack.
Caí redondo en una silla
rodeado de trileros
con guantes y manos finas,
de boca burlona,
fumadores de pipa rebozada en harina.
Me guardé un as en la manga.
Pensé “jamás lo usaré”
mi pareja con su escalera…
sin saber si fue un farol
abrió juego señalándome el full.
La bancarrota mi premio.
Mi vida el raudo aval.
No niego alguna trampa
pero me retiré como el que más
lleno de trancas y a barrancas.
Decidí romper la baraja.
Aprendí a ganar perdiendo
e hice lo que me dio la gana.
No perdí la partida
me gané a mi mismo
justo trofeo por mi salida.
Hoy brindo sin hielo,
ya no necesito ser bueno
para llegar al cielo.
Porqué la vida se va de cabeza,
se lucha con corazón
y se disfruta de una pieza.
¡Viva el saber perder!
