Malas compañías

Ella era su plan B

el “rookie” de la cantera,

el billete a la luna.

Era el “tócala otra vez Sam”,

el refugiado que se muda.

Era la almohada y colchón,

amante y pareja,

entrada y salida.

Era el mensaje borrado

y el ramo en la oficina.

Acudían a misa de noche,

pecadores a los ojos de dios

y sin abogado de oficio.

¿La jueza? Su señoría ilusión

embelesada desde su sitio.

No salían del sanedrín

hasta que uno perdió,

se dejó la carne en el fuego.

Ganó quien menos amó,

quien puso reglas al juego.

Convivían entre paréntesis

entre verdades medio mentira,

entre el Nirvana y la enuresis

y alguna noche suicida.

Se besaron en otros planetas,

se amaron mar adentro

aunque nadie hizo su maleta…

en la mesa faltaba un cubierto.

Se besaron en montañas y ciudades,

se pensaban en brazos de otro

aunque azarosos fuesen los lugares

cada “affaire” se quedaba corto.

3 comentarios sobre “Malas compañías

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